Violeta Costa nunca imagino que se enamoraria de su vecino. El chico que veia jugar y espiaba a traves de la verja del jardin de su casa cuando eran ninos. Ni que, en un verano, en tan solo tres meses, le pudieran pasar tantas cosas. Tampoco entraba en los planes de Daniel Meyer fijarse en aquella morena que pondria su vida patas arriba. Pero el destino les puso la zancadilla, separandolos despues de un desgraciado accidente. Se perdieron la pista. Continuaron su camino, hasta que ese mismo destino decidio despues de muchos anos reunirlos en un hospital, en el momento mas catastrofico de sus vidas. Se ilusionaron al encontrarse, pero ya no eran los mismos, y parecia que lo unico que les quedaba en comun eran los amigos de aquel verano. La vida les habia dejado huellas dificiles de borrar. Y el miedo los tenia prisioneros. Pero olvidaron una cosa, que los sentimientos no se pueden enterrar eternamente.