Conocer el tiempo es esencial para la coordinación de los diferentes actores de la sociedad del siglo XXI. Cada uno de nosotros va literalmente atado a un reloj por la muñeca y mirar la hora es un gesto interiorizado e inconsciente. El origen de esta necesidad se remonta a la aparición de los primeros relojes públicos en el siglo XIV, que eran objetos de prestigio y las ciudades competían entre sí por tener el más grande y vistoso. Como accesorio urbano, quedó ligado a la imagen de ciudad y del buen gobierno. Cargado de un complejo valor simbólico, el reloj se utilizo en metáforas de conceptos tan dispares como la 'vanitas', la mecánica del universo o la creación divina. En esta obra se desgrana la historia de los relojes castellanos más destacados desde la segunda mitad del siglo XIV en adelante, estudiando su construcción y los retos técnicos a los que se enfrentaban los relojeros. También se explica cómo cambió la forma de medir el tiempo a raíz de su la introducción así como su impacto cultural en la sociedad castellana.