Este ensayo es un dique contra el olvido, como dice Steiner (2002). Alli donde quedaron sepultadas las memorias de una comunidad tras la sed de tierras encabezada por los caudillos del capitalismo agrario. Canaveral del Carmen fue desaparecido del mapa porque su efimera existencia se constituyo en un obstaculo para los conductores de la modernizacion. La gente negra, aferrada a sus mejoras de agricultura, en su condicion subalterna resistio, socavo y confronto el despliegue del regimen hacendatario y los mundos desiguales cargados de poder (Roseberry, 2002). Cuando a comienzos del siglo pasado los empresarios, en su papel de conquistadores contemporaneos, ingresaron al valle del Risaralda y tomaron posesion de las tierras, tambien estaban luchando por un regimen de representacion que les otorgara superioridad moral y racial. Mas que el cambio de toponimias con el que historicamente se denominaba el asentamiento popular, se constituyo en una especie de huella tragica sobre tierras y cuerpos. Bajo este escenario, la produccion literaria de los hechos historicos adorno la hegemonia modernizadora con ciertos ingredientes moralizadores y civilizatorios. El libro cumple con la tarea de impugnar los relatos sobre el cual las elites criollas pretendieron conservar el prestigio y privilegio heredado del coloniaje europeo.