El derecho a la divergencia, la objeci n de conciencia. Por lo general se coincide en la idea de que si queremos mantener el orden social, la ley debe ser obedecida sin cortapisas, y que tanto gobernantes como gobernados debemos respetar lo que la norma nos dicta, sin embargo vivimos en un mundo plural donde la interpretaci n de lo bueno y lo malo pasa por la visi n de la subjetividad, y que d a con d a se pugna por el reconocimiento de nuevas libertades, creciendo un pensamiento liberal debido en gran medida a los medios de comunicaci n, las redes sociales, el contacto con otras culturas, la educaci n y en especial la influencias de otras formas de pensamiento. Si a ello le sumamos que en ocasiones, la norma no contiene el sentimiento de justicia que la sociedad, o ciertos grupos de ella esperar an, y que se contrapone a ciertos principios: religiosos, morales o ticos, nos plantea una obligaci n que puede o no, estar en consonancia con lo que cierto grupos consideran justo, generando un conflicto entre obedecer la norma o los dictados de la propia raz n, la objeci n de conciencia puede ser un remedio a tal problem tica.