El autor nos presenta el Romanticismo representado por compositores del Siglo XVIII y parte del XIX como un mundo de realidades animicas en que la objetividad adquiere su mayor esplendor y sabe internarse unicamente en el microcosmos humano. Encontramos notas salpicadas en inmensos mantos de seda que tienen el fulgor de diamantes. Notas ligadas que llevan la sensacion tactil de los terciopelos y plumas de aves. Modulaciones que entregan paraisos de ensueno con paisajes de color. Sonidos luminosos en cielos negros cual estrellas cintilantes. Sonidos de arpa o de flauta que vibran al unisono de las mas ocultas cuerdas del corazon humano. La melodia reposa en las sugerencias de la neblina; la armonia, en las disonancias del encantamiento de los simbolos y el colorido orquestal, en las sonoridades misteriosas de las grutas olvidadas o de las profundidades del Oceano.