En 1989, Andres Hirschhorn es nombrado director de la entonces banda municipal de la ciudad de Salto (BA). A partir de entonces, la institucion fue ampliando sus espacios segun su creatividad y las necesidades de la comunidad. En un ambito que habia sido casi exclusivamente masculino, ninas y adolescentes se fueron integrando al coro. Mas tarde, banda y coro se constituyeron en escuela de musica, y llegaron a tener, entre sus incontables logros, una especializacion en luteria. En estas paginas, el autor da testimonio de una incansable labor no solo en funcion de la musica, sino tambien de la comunidad de donde provienen sus alumnos, que se consolida gracias al esfuerzo de directivos, docentes, familiares y estudiantes congregados en la escuela de musica. Alli se transmiten y comparten valores como la solidaridad, la perseverancia, el respeto y la pasion por la musica, entre muchos otros.