Todos tenemos consciencia de los grandes hombres ilustres que nos han precedido a trav s de la historia de la humanidad, y c mo a su vez estos hombres tambi n les han presidido grandes ilustres maestros. Ser maestro es dignificante desde el momento en que se nos atribuye tal vocaci n, de nosotros depende la excelsitud de nuestra praxis educativa y con ello el destino de un pa s y el de la misma humanidad; muchas veces olvidamos que el papel del maestro es sin nimo de sabidur a, comprensi n, inteligencia, diligencia, educaci n, fortaleza, humanidad, creatividad, entusiasmo, dignidad, perseverancia, paciencia, etc tera; y que nuestro papel hist rico vas m s all de unos simples libros de texto; pues debemos ser: prospectivos, so adores, apasionados, humanos, transgresores de los esquemas y de los pensamientos ortodoxos y dogm ticos; denunciadores de las injusticias y las desigualdades econ micas, pol ticas y sociales, es decir: ut picos.