El poder mamar castellano original tan temprano, unido a la costumbre de mi ascendencia paterna, de llenar el espacio entre la cena y el sueno, con cuentos y leyendas, hizo brotar el conato de narradorcito que intento ser. Y lo que trato de contar es parte de lo discurrido en tres etapas de mi vida: los primeros veinte en mi pueblo, los siguientes diez en la capital del pais y el resto en la ciudad de New York. A pesar de lo dicho, no pienso separar los cortos relatos en tres grupos, sino que los expondre en el mismo orden que los escribi. Y lo hice porque muy poco de lo narrado se dio al ocurrir, o un poco despues. Tampoco, ningun relato ha sido llevado al papel en el lugar de su origen. Y peor aun, algunas historias han sido, por una extrana conveniencia, movida del lugar de su ocurrencia. Tambien, por razones muy obvias, he jugado con los nombres personales. Pero lo incuestionable, es la veracidad de los hechos contados. Salvo, las voces que pongo a algunos animales y una rosa: un caballo de carrera, un perro y su hueso, dos ratoncitos y una cucarachita. Pero aclaro, solo las voces. Porque su forma de actuar, despues de haber 'pensado', son propias. Sepan, ademas, que algunos episodios son monologos que tienen internamente, cierto opositor, que no pasa de ser un recurso para dar vitalidad al discurrir narrativo.