Aequor no era una ciudad cualquiera. Era orden, prevision y equilibrio: un mundo artificialmente sostenido tras el colapso del mundo original y marcado por la plaga roja, una enfermedad que redujo drasticamente la natalidad y llevo a la creacion de una sociedad estructurada y aparentemente invencible. Durante generaciones, nadie paso hambre. Nadie temio al otro. Nadie creyo necesaria la resistencia. Hasta que el cielo se cerro. La llegada de una presencia imposible no destruye Aequor de inmediato; la transforma. La ciudad perfecta aprende a obedecer, las decisiones se diluyen y el miedo se vuelve cotidiano.