Me hab a convertido en un escritor venido a menos. Llevaba m s de dos a os sin publicar; y lo que es m s grave: sin historia.Pod a estar peor, lo s ; pero, una vez se han saboreado las mieles del xito, es muy dif cil estar fuera del circuito y permanecer oculto sin ser el blanco de halagos y cr ticas.Quise salir de aquella crisis por la v a espiritual, y me abism en los mantras sonoros del budismo. Asist a los oficios cristianos de la Primada, e intent desenlazar los nudos gordianos de mi sistema energ tico, pero no obtuve respuesta de las musas.Hasta que un d a, hormigueando por las estrechas y sinuosas calles de Toledo, y recordando las espantosas historias que hab a o do sobre el callej n del Innombrable y otras leyendas de la Ciudad Imperial, encontr una v a de escape para mi atasco creativo.
A los pocos d as, me encontraba en una vieja aldea ruinosa y oscura, presa del p nico y a mitad de camino a Santiago de Compostela.